Las manos atadas a la fría botella de oxigeno, el cuerpo adormecido siente una leve comezón en la nuca, el olor a sangre reseca le taladra los pulmones. Abre los ojos.
Una familiar sala de máquinas, ahora puede percibir el retumbar de las bombas hidraúlicas.
- Sólo - musita
- N O
- ¿ Cuanto tiempo hace que estoy aquí?
- M U C H O, Q U I Z A S D E M A S I A D O, E L
C O N G E L A M I E N T O P U D O H A B E R
D A Ñ A D O
TU ...
CereBRO
- No... puedo m.s.
***
Despertó a empujones, un hombre vestido de manera desconocida le obligó a levantarse. Salieron al pasillo y allí vió a los demás, al final había llegado el día prometido. Eran cientos y los hombres extraños les obligaban a ponerse en fila.
Las luces colgaban del techo en forma de oscuros conos, empalmados de mala forma con los terminales de los desgastados fluorescentes. A la orden de un hombre con gabardina se pusieron en marcha, andando sobre el frío suelo de metal.
Las puertas con los números pasaban unas detrás de otras, algunas estaban cerradas y a oscuras, pero otras despedían un hedor insoportable. Sin duda no habían conseguido despertar a todos, pero no importaba los días de gloria estaban próximos. Se dirigían sin duda a la salida, y de allí lo más seguro que a las familias adoptivas y después a las escuelas y...
Ya se podían ver las gigantescas puertas de metal que daban paso al exterior, estaban gastadas por el óxido y el azufre, los científicos se habían descuidado. El ruido de pies hacía eco en esta parte de la 'mansión'.
Traspasaron la puerta...
Y vieron la imponente ciudad, estaba anocheciendo y se podía contemplar el mar de luces en que se había convertido Carabanchel. Un tropezón le hizo caer escaleras abajo. Le levantaron a patadas y le metieron en un oblongo.
- Esto no es lo que nos prometieron - dijo una voz en la oscuridad
- Nos dijeron que estaría todo por construir, todo por reinventar, que nos ocuparíamos de los pocos supervivientes que quedasen y ahora...
Movió la mano para tocar la cabeza afeitada de su compañero, había tenido suerte, le conocía, era Pumupki.
- Hola, Pumu - intentó sonreir en la oscuridad
- Chase, ¡ has sobrevivido ! -
***
Se podía ver la luna llena desde el despacho, y eso le gustaba, no parecía importarle que la luna fuese simulada, simplemente se sentaba con un vaso de naranjada en una mano y la mirada perdida en su ficticia luna. Pues a eso se dedicaba Taifas Bill, a alimentar los sueños.
- Escuchar - dijo en alta voz
El interfono ronroneó suavemente.
- Tiene una visita, señor -
La puerta se abrió de inmediato, Taifas estaba orgulloso de su despacho automatizado. Era de lo más común, pero en donde él empezó las cámaras y las medidas de seguridad no eran más que matones a sueldo.
- Veo que has prosperado - dijo, recorriendo el despacho con sus aceitosos ojos.
- ¿ A qué vienes ? -
- Tengo 200 disponibles para abrir tu nueva fábrica, el precio el de siempre. - dijo apoyando las manos en la mesita de caoba artificial.
- De acuerdo, ¿ Cuantos mayores ?
- Unos doce o así, no creo que sobrevivan demasiado -
- Entonces, ya sabes que hacer -
- Ha sido todo un placer - y salió del despacho con su sucia gabardina negra doblada sobre el brazo.
...
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