Actualizado el Día 01 de noviembre de 2010Visitante número 180362 -- Día 28 de abril de 2017
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-Una historia de Kmbr-
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El Knueno...
Me habían mandado a esta ridícula misión, no tenía casi ni idea de lo que querían de mí... no me sentía preparado...

El Kmbreo...
El tipo este me salvó de los recorta-orejas, no he hablado nada con él, ya me empieza a escocer el culo de ir montado a caballo...

El Von Kalerbad...
Tengo bien claro lo que tengo que hacer, me pagan para estas cosas.
Objetivo : Detenerlo a toda costa...
Tiempo : El necesario...

***

La cordillera de escarpados picos se elevaba más y más, los caballos estaban casi reventados y los jinetes decidieron parar. Mientras el Sol se ponía detrás de las lúgubres montañas, montaron el campamento y esperaron...

- Este es el lugar -
- ¿ El lugar ?, ... ¡¡ El lugar para qué!!? -
- "­ El Mundo se para !", me dijeron y les dije: " ¿ qué hago?", las capuchas me miraron y dijeron que fuera al Oeste, todo al Oeste...
- Bonito cuento, amigo... sigue...-
- No recuerdo, algo pasó... pero todavía sigue... pero pronto terminará...
- ¿...?

La luz de la Luna, iluminaba con su mortecina luz la pared de roca, y allí donde había roca dejó de ser. Una Gigantesca Puerta, con una gran Mono tallado estaba en su lugar. El pistolero se acercó a la puerta y la tocó con manos firmes y seguras...

- Pero que leches haces , mano! -
- Sabes, Mejicano... creo que conozco esta puerta...-

El ojo imposiblemente grande del Mono se abrió y Knueno entró por él, el Mejicano cogió el rifle y le siguió...

- Aquí huele ..... -
- Huele a mierda mono!, Puaaajjjj!!!! - Kmbreo se taponó las napias.

Una sombra se deslizó detr s de ellos y cerró el gran ojo, la oscuridad se hizo absoluta. Ruido de pies...

- Ohh! , Chingada!, ­ ¡ Quien vivee ! -, Kmbreo armó la escopeta. El dedo dispuesto a hacerla ladrar.

Un goteo, un murmullo...

- Será mejor que encontremos algo para hacer luz...

Como respondiendo a las palabras, los pasos comenzaron a oírse de nuevo, y la luz se hizo...

***

Von Kalerbad se sorprendió al encontrar tan fácilmente los restos del campamento, no le hizo ninguna gracia... este trabajo debía de ser difícil. Pero al girar la cabeza y ver el enorme mono tallado en la roca, no pudo menos que soltar un ligero ruidillo de sorpresa, la imagen se estaba difuminando.

Saltó del caballo, palpó la piedra pero nada se abrió, parecía que no le esperaban, sin embargo descubrió una grieta en la oreja y por allí pudo pasar.

El pasillo era estrecho y retorcido, tuvo que aplastar algunas alimañas que amenazaban con estropear su impecable traje. Pero llegó al final del túnel...

***

Lo que se encontraba frente a ellos no era sino un pequeño y simpático mono, la luz que venía del supuesto techo, supuesto por lo ignoto de su localización, le daba a la escena un carácter extraño.

- Mono.... Hijo de la gran ... - Kmbreo apuntó al mono y apretó el gatillo, pero nada pasó...
- Simple precaución - le dijo Knueno.

El mono se puso en marcha como accionado por algún extraño resorte, y se alejó de la vista de los asombrados visitantes. Decidieron seguirle. Pasaron por lo que fueron los más largos pasillos vistos jamás, a veces había puertas pero no tuvieron tiempo de abrirlas y mirar. Al final de uno de esos extraños pasillos el mono se detuvo y llamó a la pared, o mejor dicho a una puerta.

- ¿ Quién EEES? - Una voz grave salió del interior...

Al chillido del mono la puerta se abrió, dejando ver una vasta sala, llena de los aparatos más extraños, utensilios de diseño extravangante, mesas atiborradas de folios y lápices en descomposición.

- ¡ HOLA !- respondieron unos extraños pelos...
- ¿ Eh ? - Knueno se arrimó a la pared, y así pudo contemplar al extraño ser que estaba ante el.
- Me llamo Delenstein y ... -, tendió su huesuda mano...
- Hijo de la Gran ... - , intentó decir Kmbreo, pues al momento de echar mano de su escopeta se quedó congelado...
- Su Amigo es un poco violento, mejor que se quede aquí, pase... -
- Sí... - alcanzó a Balbucear Knueno.

***

La Rejilla saltó fácilmente de una patada, no le esperaban, y eso le agradaba sobremanera. Alcanzó fácilmente el suelo, o lo que fuera..., el olor era asfixiante, y el fango le llegó hasta la cintura. El revólver y el traje ambos inútiles, se deshizo de ellos. Siguió andando por el túnel, en el techo había una luz, pero también otra rejilla, si pudiera romperla...

***

Se sentó. Aquello no era muy normal, todo era demasiado grande, esperó a verlas venir, pero lo que vio fue al mono traerle una taza de café‚ de Malta por supuesto, y unos churritos.

- Moje ... Moje, questan ricos ! - barbotó
- Si... - Knueno pudo ver lo poco de su extraño anfitri¢n, que asomaba por encima de la mesa, sin duda aquello tenía algo de humano, grandes pelos grises le salían de la cabeza como cables enmarañados, llevaba unas pequeñas gafas negras y vestía lamparones salpicados de bata blanca aquí y allá.
- Uy!, perdone..., mala memoria la mía todavía falta alguien por ...-

Se escuchó un ruido en la sala, provenía de una enorme taza de Wáter azul, se oyó como un chapoteo y una figura en mangas de camisa de deslizó por el lateral hasta el suelo. Andaba decidido, pese a un par de resbalones, y tardó menos en llegar a la mesa de lo esperado.

***

Su mirada pudo recorrer todo el escenario, parecía el cuarto de juegos de un gran niño, pero no permanecía constante ... cambiaba, a veces se dejaba ver un laboratorio otras una mesa, y en la mesa estaban el Maestro de las Máquinas y Knueno. Y Kalerbad saltó, saltó sobre la mesa cambiante, ahora laboratorio, ahora cuarto, ahora...

Knueno recordó,.... recordó su Misi¢n : "Ve al OEste, y encuentra al Maestro de la Máquinas en la Pared del Mono, convéncelo de que se una a nosotros o..."

La mano más rápida que la vista, más rápido que la mano: Knueno. La pistola apareció en su mano, la mirada fría cayó sobre el despreocupado Delenstein... , el pulso dió paso al movimiento y el gatillo obedeció...

Un disparo rompió la tensión de la ahora sala de juegos, café por el suelo, tirón de mantel y cuerpo cayendo, muy típico...

- JONES!, pos no que casi me mata al viejo! - Gritó Kmbreo, su escopeta ahora escupía humo ...

La mano de Knueno estaba congelada, el revólver en el aire y Von Kalerbad estampado encima de la mesa. Delenstein había caído al suelo y todo el café se le había derramado encima, dándole un aspecto lamentable...

Se reincorporó fácilmente...

- Vaya, las variables me dijeron que iba a ser un día difícil...

***

- Tengo más nombres que el propio Diablo- dijo la roja máscara del pistolero.

Recuerdos de luces pasaron por su mente, la noche de antorchas en el pueblo del Sempitarai, la caza de japornios y el pele de peros. Pero ninguna comparable a la noche en el templo de los Kazae, los capuchas marrones.

Un chaval frente a un templo, una apuesta y sudor frío todo lo que tiene. Acercarse ha sido fácil, entrar y coger el jarrón no lo ser n tanto. Los pasos leves apenas rompen algunas ramas secas, la luz se torna rojiza al pasar por un gran paño de seda que cubre la entrada. Se oyen música y cánticos.

- Genial, están delante del Jarrón - musita

El Jarrón no es nada, tan sólo la prueba de su madurez ante los de su misma edad. Quiere ser el primero en realizarla, lo necesita.

Una mancha rojiza en su túnica marr¢n, no le importa y se infiltra entre ellos, pero algo pasa ... el recuerdo se vuelve borroso y el pistolero abre los ojos ante la escena que se desarrolla ante él...

***

Breves frecuencias armónicas acariciaron su oído, haciéndole vibrar. El agua caída de la lluvia, se almacenaba en un vetusto tanque, y formaba ondas de mil colores imaginarios.

Con un breve susurro las tres palabras esperadas estallaron en la estancia, y Knueno contempló con terror como la blanca figura se animaba. Las arpas callaron y solo se escuchó la música de la lluvia.

'Bajo este día de Sol rojo y Luna azul, yo te bautizo : Kaza-Kazae'

Sus palabras no fueron odias sino sentidas y Knueno supo que 'algo' había cambiado. Los capuchas marrones cogieron agua del tanque en un sucio barreño de hojalata.

'Contempla el rostro del que todavía se refleja en el agua'

Y miró y se vio allí. Sin esperarlo le empujaron y metió la cabeza en el barreño, no tocó fondo como esperaba y al intentar salir perdió mano, y cayó dentro. Para encontrarse seco y mirando a un montón de gente de rostros rojos que tenían su mirada perdida en la figura blanca.

Miró en el barreño, y pudo ver su rostro de un blanco mortal, los ojos nublados y el pelo cano. La figura blanca ya no se movía y ya no había nadie con él en la sala, cogió el jarrón y salió huyendo. "

***


...
   
 
 
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